Se ha repetido hasta la saciedad lo de que un psicólogo es aquel que al entrar una mujer hermosa en una sala observa las reacciones de los demás y esas cosas. Lo cierto es que los psicólogos que yo conozco, en tales circunstancias, no desaprovechan la oportunidad y hacen... lo que hacemos todos.
Normalmente prefieren experimentos de mayor calado, donde puedan controlar las variables, como sacar una honda ante cualquier grupito reunido en una playa de guijarros. En una de éstas redescubrí yo las hondas. Cada cual se apuntó a la fiesta a su manera: la mayoría formando una ordenada cola para probar el invento, el psicólogo prácticamente tomando apuntes, y el enfermo que hay en mí buscando desesperadamente material con que trenzar mi propia honda a sola rationis luce.
Mala idea. En este tipo de asuntos la razón cuenta más bien poco; domina la intuición. Descubrirlo me llevó un buen tiempo: el de trenzar unas cuantas hondas, el de esperar las ocasiones propicias en que se juntan unas cuantas personas en un lugar pedregoso, el de aprender a observar las reacciones de los demás con espíritu de psicólogo diletante.
Nadie se resiste al citius, altius, fortius de una honda, nadie. Y cada cual lo hace a su manera. He visto sujetos que, habiendo observado con manifiesto desdén las prácticas de tiro ajenas, practicaban luego a escondidas hasta colmar en solitario su autoestima. Y a quien, asumiendo que sus piedras salían proyectadas sistemáticamente hacia atrás con fuerza considerable, obtenía sus disparos más certeros colocándose de espaldas al objetivo, con absoluta naturalidad. O a muchos otros que convertían el proceso en un ejercicio intelectual, escogiendo meticulosamente la piedra perfecta, contando el número de vueltas, analizando la suelta y el vuelo de la piedra, recalculando y corrigiendo sus movimientos, para acabar obteniendo resultados más bien mediocres, a sola rationis luce. He visto, en fin, a algunos neófitos absolutos lanzar piedras "más allá de Orión" al primer intento, a la sola lumbre de su instinto.
Estos días he tenido en mis manos una auténtica honda balear. Maciza, gastada, regular en su trenzado, con protecciones de cuero en los sitios precisos. Mis hondas a su lado parecían de juguete. Se la había regalado a JK un ilustre desconocido que la había encontrado en un campo y que tuvo la suficiente sensibilidad de ver en Javier al propietario ideal. Su trenzado parecía un misterio hasta que Ashley, ilustre adepto a la laborterapia, nos lo desveló: trenza plana de cinco (o siete) cordones.
Mi reproducción, a su lado, sigue pareciendo un juguete.
2 comentarios:
Curiosamente, en el Sea Kayaker Magazine de este mes, que viene el viaje de Chris Cunningham por Menorca con todo lujo de detalles, viene una foto (en plano americano decapitado) del sujeto con una honda (sling) que se ve que le ragaló alguien por el camino.
¿Cuál no sería el impacto de estos absorbentes aparatos para dedicar un trozo de la revista a motrarse armando anónimamente su honda?
Efectivamente, ha sido leerlo y recordarme a mí mismo con mi padre y la onda de esparto tirando cantos rodaos al mar, más fuerte, más alto, más lejos.
El otro latinajo no sé qué significa. Ya lo buscaré, pero molaría que lo aclarases cuando los sueltas y repites sin previo aviso.
Me alegro de saber de ti.
Un abrazo.
Ave Key!
No sabía si ya había salido el reportaje, ni si diría algo de la honda. El caso es que al Cunningham le despertó el gusanillo de la honda Javier Knörr, que me temo que es el anónimo donante de su artículo. Me consta que Cunningham y su hijo han estado experimentando con el tema hondas con notable éxito. Ya ves tú, los adictos a la laborterapia al final resultará que no somos malos padres si les pasamos las manías a los hijos y estos acaban recordándolas con cariño.
Me alegro que te haya despertado recuerdos y espero que también el deseo de repetir la experiencia.
En cuanto al latinajo... veo que no te ha despertado la curiosidad lo suficiente como para darle al google ;) Viene a significar "a la única luz de la razon" en traducción un tanto restricta. Me parece que algo tiene que ver con Descartes, pero a mi los latinajos me gustan casi más desnudos y al pie de la letra. Y explicarlos... mejor a posteriori, no?
Y me alegro de que alguien tenga todavía la paciencia de leer el blog, tan y tan falto de actualizaciones. El otro día me acordé que lo tenía, me lo releí, no me reconocí y me estuve un rato riéndome de mis tonterías. Lo actualizo ya más que nada para procurarme risas futuras, que falta me harán, me temo.
Un abrazo (y a ver si coincidimos en alguna
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